Propietario de Sidra Cabueñes. Junto a su padre ha conseguido el primer premio del concurso de Villaviciosa
Aunque sea difícil explicar el sabor de la sidra, ¿Cómo calificaría el palo con el que se ha adjudicado el primer premio en Villaviciosa? (Ríe). Lo único que puedo decir es que enamora al beberla. Si se prueba, se quiere beber más, y más. Es afrutada, tiene buen pegue y buen vaso.
¿Y cómo le ha salido una sidra tan buena? Ahí está el secreto. Se ha hecho un buen trabajo, no ha habido contratiempos en la fermentación en tonel y también ha habido suerte, que es importante. En los concursos hay que saber elegir muy bien, pero no tanto lo que le gusta a uno, sino lo que puede gustarle al público. En Villaviciosa coincidieron las dos cosas, pero en Gijón nos equivocamos. Nos pasamos un poco de acidez y lo pagamos.
Habla de trabajo, ¿cuál es la clave para conseguir una sidra óptima? La clave es la manzana, eso no hay quien lo discuta. Y para tener las mejores manzanas hay que patear mucho, meterse por caminos por los que casi no cabe un coche, porque los chollos no te los llevan a casa. Yo, cada vez que tengo tiempo, me paso el día viajando por Asturias buscando pumaradas.
Pero luego hay que negociar con el dueño de la pumarada...
Es verdad, pero no se puede escatimar. Las manzanas asturianas no tienen comparación con las de la República Checa o Francia, pero hay que pagarlas e invertir en calidad. A lo mejor se puede perder algo de dinero en invierno, pero si se corcha una buena sidra, seguro que se acaba recuperando dinero en verano.
¿Cómo es posible que sólo dos personas saquen adelante una producción tan alta? Además de patearse Asturias, hay que tener producción propia. Si no, no hay nada que hacer. Y luego, dedicarse a ello en exclusiva: recoger manzana, mayar, segar... No se puede parar. De todas formas, podríamos producir más de lo que producimos. Si tuvéramos más cajas de vacío, calculo que podríamos corchar 5.000 botellas más al mes.
¿Reciben alguna ayuda? Prácticamente ninguna. Este negocio va, como yo digo, al “tracatrá”: lo que recojo, lo invierto. Es la única manera de funcionar.
¿Cree que las sidrerías han capeado mejor la crisis? Es difícil ver una vacía...
Hay que tener en cuenta que la sidra es más barata que un refresco u otras bebidas alcohólicas y está claro que forma parte de nuestra cultura. Cada día hay más gente que bebe sidra y, lo que es más importante, más gente a la que le gusta la sidra. Ahora, todo se puede mejorar. En otros países europeos con menor cultura y menor producción se publicita mucho más. No digo que en Asturias no se publicite, pero creo que se están centrando demasiado en la sidra de denominación de origen, que está claro que es el futuro, pero no se puede olvidar la común, la de toda la vida, que en realidad es la que se consume.
¿Cómo prevé la próxima temporada sidrera? Tiene buena pinta. Ha hecho un tiempo ideal, porque se han alternado días de sol y días de lluvia, pero a las manzanas les madurar. Empezaremos a mayar en octubre y será cuando comprobemos la calidad, pero creo que va a haber muy buena sidra el año que viene.
Para usted la buena temporada ya ha llegado con su triunfo en Villaviciosa.
Sí, nos han llamado muchas sidrerías. En dos o tres semanas venderemos lo que normalmente vendemos en todo el invierno.
Fuente de la noticia: Diario La Voz de Asturias


























